Trump calificó como "extremadamente positivas" sus conversaciones con Xi Jinping en Beijing. Irán, Taiwán y el comercio dominaron la agenda de la cumbre bilateral más importante del año.
Donald Trump llegó este jueves a la capital china para protagonizar uno de los encuentros diplomáticos más esperados de su segundo mandato. El presidente de Estados Unidos y su homólogo chino, Xi Jinping, sostuvieron una reunión bilateral de casi dos horas en el Gran Salón del Pueblo, ubicado en la Plaza de Tiananmen, en una jornada marcada por elogios públicos, advertencias veladas y una agenda cargada de asuntos espinosos.
La bienvenida fue solemne: cañonazos, una banda interpretando los himnos de ambas naciones y centenares de estudiantes agitando banderas y flores de los dos países pintaron el escenario de un encuentro que la Casa Blanca ya calificó de “histórico”. Trump es el primer presidente estadounidense en visitar China desde su propio primer mandato en 2017.
Antes de iniciar las conversaciones a puerta cerrada, ambos mandatarios ofrecieron breves declaraciones públicas cargadas de simbolismo. Trump no escatimó en elogios hacia el líder chino.
“Es un honor estar con usted. Es un honor ser su amigo, y la relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca.” — Donald Trump, presidente de EE.UU.
Trump también describió a Xi como “un gran líder” y anticipó un “futuro fantástico” para las dos superpotencias. El mandatario chino, por su parte, mantuvo un tono más cauteloso y filosófico, poniendo sobre la mesa la pregunta de si ambas naciones pueden superar la llamada “trampa de Tucídides”, el patrón histórico que lleva a las potencias emergentes y dominantes al conflicto.
“Una relación estable entre China y Estados Unidos es una bendición para el mundo. Deberíamos ser socios, no rivales.” — Xi Jinping, presidente de China
Pese al tono amistoso en los discursos públicos, Taiwán sobrevoló toda la jornada como el punto de mayor fricción. Según la portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, Xi le transmitió a Trump que la cuestión de Taiwán es “el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos” y advirtió que un mal manejo podría derivar en “choques e incluso conflictos”.
El trasfondo es delicado: en diciembre pasado, Trump autorizó un paquete de venta de armamento a Taiwán por valor de 11,000 millones de dólares, aunque su entrega aún no se ha concretado. China considera la isla como parte de su territorio soberano y ve esa venta como una provocación directa.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán también estuvo presente en las conversaciones. El conflicto ha provocado el cierre casi total del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo y gas, lo que ha disparado los precios energéticos y encendido las alarmas sobre el crecimiento económico global.
El secretario de Estado, Marco Rubio, había adelantado que Trump buscaría que Beijing presione a Teherán. China, que es el principal comprador de petróleo iraní, tiene interés directo en la estabilización de la región. El comunicado conjunto de la cumbre señaló que ambas partes acordaron que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto al tráfico internacional.

La delegación estadounidense incluyó a figuras del mundo tecnológico y empresarial de alto perfil. Jensen Huang, director ejecutivo de NVIDIA, y Elon Musk, fundador de SpaceX y Tesla, viajaron junto al presidente. Tras la reunión, Musk la calificó de “maravillosa” y aseguró que incluyó “muchas cosas buenas”, mientras que Huang elogió la interacción entre ambos líderes.
Como señal de la valoración positiva que Washington hizo de la jornada, Trump anunció públicamente durante el banquete de Estado que Xi Jinping y su esposa están invitados a visitar la Casa Blanca el próximo 24 de septiembre. La fecha, que no había sido anticipada previamente, fue interpretada por analistas como un gesto de buena voluntad y un guiño a la continuidad del diálogo bilateral.
En su brindis de cierre, Xi describió la relación entre ambas naciones como “la más trascendental del mundo” y advirtió que ninguna de las dos partes “debe estropearla”. El comunicado oficial del encuentro destacó avances en cooperación económica, incluyendo la ampliación del acceso al mercado chino para empresas estadounidenses y el fomento de la inversión china en industrias de EE.UU.